23 octubre, 2012

Ortografía sin hache.


Perú es uno de los tantos países en la que la mayoría de su población habla castellano (más del 80% de la población peruana, aunque no necesariamente es su lengua materna). Y a pesar de esto, la ortografía en nuestro país no anda nada bien. Existen varios factores que ocasionan este mal hábito, pero en esta ocasión solo hablaré de 3.
1.     La calidad de la educación en nuestro país, en especial de la educación primaria y secundaria, no es precisamente la mejor; por el contrario, la educación peruana está bastante atrasada en comparación con otros países de América o del resto del mundo. Al parecer, el Estado está más interesado en invertir en aspectos ajenos a la educación, siendo esta el pilar del desarrollo y el progreso. Actualmente existen todavía muchos analfabetos en el Perú, con mayor cantidad en áreas rurales que en zonas urbanas.

2.     En nuestro país la ortografía se ha ido degradando cada vez más y lo que es peor, la mayoría de veces por elección. Tengo la manía de corregir la mala escritura de las personas. Suelo ser bastante molesta en este aspecto, puesto que la mayoría de veces suele interpretarse como un acto de soberbia y es comprensible. Lamentablemente en el transcurso de corregir a los demás he recibido un sinfín de respuestas un tanto absurdas, entre las que vale destacar: “da igual, no eres profesora de lenguaje”,  “me da flojera”, y el famoso (también el más recurrente) “el que tiene plata, habla como quiere”. Es bastante cómico pero a la vez frustrante que personas jóvenes y adultas, que tienen una educación secundaria o superior usen este tipo de excusas para justificar su mala ortografía. También se encuentra le gente que no tiene acceso a la educación, personas que no leen y que por varios motivos hablan y escriben mal. En estos casos, gran parte de culpa la tiene, una vez más, la educación. Si no se incentiva en un niño el buen escribir, el buen hablar y el hábito de la lectura ¿cómo se espera que de joven o adulto muestre interés en ello? ¿o que siquiera se esfuerce por aprender? Me tomaría mucho tiempo abarcar este aspecto debido a su complejidad, pues son muchos factores que influyen, así que lo trataré más adelante como un tema independiente.

3.     Internet, las redes sociales, los teléfonos móviles y otros dispositivos tecnológicos han influenciado en gran medida en la escritura, especialmente por parte de los jóvenes. Positivamente se han desarrollado los conocidos “neologismos”(computadora, chatear, que proviene del inglés; cibernauta, etc). Pero también existen aspectos negativos. En un intento por reducir caracteres, escribir más rápido e imitar onomatopeyas, la escritura (que de por si no era buena) empeoró drásticamente y son estos medios los que tienen más llegada a la gente. Se populariza, se hace una moda, se hace una costumbre que con el tiempo es más difícil de arraigar.
Todos nos comunicamos gracias al lenguaje, el lenguaje no es solo hablado, en gran medida es escrito. Si no tenemos una buena escritura, una buena ortografía, el receptor entenderá erróneamente lo que el emisor quiso en decirle en realidad, entonces el fin supremo de comunicarse será estropeado.
La ortografía es el reflejo de una persona que es culta, una persona que lee, si escribimos mal daremos una mala imagen, y aunque esta no sea la finalidad de escribir correctamente, en algunas ocasiones es necesario; un claro ejemplo se aplica en el ámbito laboral. Debemos tener en cuenta que la mayoría de veces nos comunicamos por escrito (hojas de vida, solicitudes, cartas, etc.).

El castellano es una lengua milenaria. Deberíamos cultivar algún “respeto” por esa admirable continuidad a través del tiempo, preservar su pureza (con pureza hago referencia a no hacer de su escritura un vulgar acto de comunicación).
La ortografía no es algo con lo que nacemos, como muchas cosas necesarias, debemos aprenderla desde pequeños y esa es la clave. Transmitir a los niños todo ese vasto conocimiento y tradición que implica la ortografía. Tal vez suene a cliché, pero es bastante razonable en este caso: “Nosotros somos el ejemplo que los niños seguirán.”

 

 

 

14 octubre, 2012

Usanza


Para los que vivimos lejos de nuestro centro de estudios o trabajo, nuestro quehacer diario comienza cuando aún no aclarece, la típica brisa marina nos eriza la piel al partir de casa; pasamos gran parte de nuestro viaje matutino entre el smog, el tráfico y ventanas muy cerradas. Llegamos a nuestro destino y comienzan nuestras actividades. Al volver a casa, descansamos de tan abrumador día. Sin embargo, lo que parecen ser situaciones sin ninguna importancia, ha cobrado gran relevancia para mí. Ser parte de una rutina en la que te ahogas, de la que te aburres fácilmente con el pasar de los días puede repercutir de manera positiva como lo hizo conmigo. Pasó de ser una rutina común y corriente a algo digno de analizar.

Sucede que lo que ahora la gente toma por común, en realidad no lo es; lo que se toma por correcto, es incorrecto; lo que se toma por legal, es ilegal. Parece una exageración, pero veamos bien, con lupa en mano, lo que pasa en un día común.

Los paraderos autorizados parecen en realidad paraderos NO-AUTORIZADOS, la gente los ignora por completo. Los carros de transporte público pueden hacer subir gente en cualquier esquina y hacerla bajar en medio de la pista si así lo dispone el chofer. El cobrador suele ser un joven sin educación (y con educación no me refiero a una instrucción colegial o universitaria sino al proceso de vinculación y concienciación, moral y conductual; es decir, al trato respetuoso de un individuo hacia otros) que muchas veces nos agrede verbal y otras, físicamente. Las señales de tránsito son completamente ignoradas por todo tipo de conductores y solo se ven forzados a acatarlas si hay un policía de tránsito o un patrullero cerca de ellos, que en caso de haberlos pillado recurren a su billetera. El caos vehicular, transporte público y privado, se ha transformado en nada más y nada menos que en una gran anarquía, donde no reina ley alguna.

Los peatones  reclaman y se quejan de este comportamiento inapropiado siendo ellos los coprotagonistas, como sucede al momento de cruzar corriendo la pista arriesgando su propia vida solo por no caminar un par de pasos más para cruzar prudentemente por un puente peatonal o prefiriendo cruzar a toda velocidad por medio de la pista y evitando a toda costa el cruce peatonal, que irónicamente casi nadie lo usa para cruzar. El cruce peatonal podría ser considerado como un grafiti más.

También tenemos a nuestro gran recolector de basura: las calles. Indignante es ver cómo la gente vota sus desperdicios por la ventana del carro, a salir de una tienda, al caminar por la calle. Parece que a la gran mayoría les es muy pesado cargar con una envoltura de caramelo en su bolsillo (esto es si no hay un tacho cerca, les es muy cansado depositarlo allí).

Y así podría nombrar hasta el hastío muchas cosas que ya a nadie parece indignarle (hombres faltando el respeto a mujeres, hombres orinando en la vía pública, mujeres exponiendo a sus inocentes niños a hacer sus necesidades a vista y paciencia de todos, etc.). Pero ¿por qué la gente ya no se inquieta ante este tipo de actos? Simple, porque  se ha acostumbrado a lo malo, a lo indebido, a lo incorrecto e ilegal. ¿Qué sucede cuándo un conductor respeta el límite de velocidad? Le tocan el claxon para que acelere porque a los otros conductores les parece absurdo respetar lo que por ley se debe acatar. ¿Qué dicen los pasajeros en el bus o la combi que ha sido parado por un policía? “Ya dale sus 20 lucas nomás”, algunos se ríen, otros mueven la cabeza en señal de desaprobación, ¿pero acaso alguien hace algo para impedir la corrupción que hay en sus propias narices?

Y es que ahora “cada uno baila con su pañuelo”. ¿Cómo podemos entonces quejarnos que nuestros congresistas y autoridades sean corruptos, mentirosos, ociosos si nosotros en nuestra sociedad somos iguales?

Concluyo entonces con esta reflexión: No pidamos aquello que nosotros no estamos dispuestos a dar; no pidamos un cambio en otros si nosotros no estamos dispuestos a cambiar; no pidamos que nos respeten si no estamos dispuestos a respetar. Y es que la educación no solo viene de casa y se queda en ella, son las nuevas generaciones las que aprenden de nosotros. Si nos indigna tanta delincuencia juvenil deberíamos dejar de juzgarlos y preguntarnos ¿qué ejemplo les dimos cuando eran niños?                                                           

13 octubre, 2012

Volviendo al origen.

Palingenesia. Palabra que proviene del griego palin (de nuevo) y génesis (origen). Es decir, volver al origen. Buscando un nombre para mi blog encontré esta palabra. Me pareció bastante interesante debido a que he deseado muchas veces volver al inicio de ciertas etapas y cambiar algunas cosas, mejorarlas o simplemente evitarlas. Es como una segunda oportunidad, subirse a la "máquina del tiempo" y hacer algo de una manera distinta a como lo hicimos; lamentablemente, esto no pasará.
Me he golpeado la cabeza contra la pared infinidad de veces por hacer las cosas de una manera incorrecta y no poder cambiarlas; es bastante frustrante. Pero como dicen "de los errores se aprende" y eso he tenido que asimilarlo casi a la fueza.
En fin, el objetivo principal de mi blog será, basicamente, mi concepción de todo aquello que me rodea, que despierta en mí gran interés y que mordazmente contaré. Combinando sarcásmo, ironía y cultura haré una observación de cosas que capten mi atención.
No pretendo tampoco tener una legión de seguidores debido a que principalmente publicaré cosas que salen de esta mente bastante perturbada.
Solo espero compartir y algunas veces criticar todo aquello que me molesta o incomoda.