14 octubre, 2012

Usanza


Para los que vivimos lejos de nuestro centro de estudios o trabajo, nuestro quehacer diario comienza cuando aún no aclarece, la típica brisa marina nos eriza la piel al partir de casa; pasamos gran parte de nuestro viaje matutino entre el smog, el tráfico y ventanas muy cerradas. Llegamos a nuestro destino y comienzan nuestras actividades. Al volver a casa, descansamos de tan abrumador día. Sin embargo, lo que parecen ser situaciones sin ninguna importancia, ha cobrado gran relevancia para mí. Ser parte de una rutina en la que te ahogas, de la que te aburres fácilmente con el pasar de los días puede repercutir de manera positiva como lo hizo conmigo. Pasó de ser una rutina común y corriente a algo digno de analizar.

Sucede que lo que ahora la gente toma por común, en realidad no lo es; lo que se toma por correcto, es incorrecto; lo que se toma por legal, es ilegal. Parece una exageración, pero veamos bien, con lupa en mano, lo que pasa en un día común.

Los paraderos autorizados parecen en realidad paraderos NO-AUTORIZADOS, la gente los ignora por completo. Los carros de transporte público pueden hacer subir gente en cualquier esquina y hacerla bajar en medio de la pista si así lo dispone el chofer. El cobrador suele ser un joven sin educación (y con educación no me refiero a una instrucción colegial o universitaria sino al proceso de vinculación y concienciación, moral y conductual; es decir, al trato respetuoso de un individuo hacia otros) que muchas veces nos agrede verbal y otras, físicamente. Las señales de tránsito son completamente ignoradas por todo tipo de conductores y solo se ven forzados a acatarlas si hay un policía de tránsito o un patrullero cerca de ellos, que en caso de haberlos pillado recurren a su billetera. El caos vehicular, transporte público y privado, se ha transformado en nada más y nada menos que en una gran anarquía, donde no reina ley alguna.

Los peatones  reclaman y se quejan de este comportamiento inapropiado siendo ellos los coprotagonistas, como sucede al momento de cruzar corriendo la pista arriesgando su propia vida solo por no caminar un par de pasos más para cruzar prudentemente por un puente peatonal o prefiriendo cruzar a toda velocidad por medio de la pista y evitando a toda costa el cruce peatonal, que irónicamente casi nadie lo usa para cruzar. El cruce peatonal podría ser considerado como un grafiti más.

También tenemos a nuestro gran recolector de basura: las calles. Indignante es ver cómo la gente vota sus desperdicios por la ventana del carro, a salir de una tienda, al caminar por la calle. Parece que a la gran mayoría les es muy pesado cargar con una envoltura de caramelo en su bolsillo (esto es si no hay un tacho cerca, les es muy cansado depositarlo allí).

Y así podría nombrar hasta el hastío muchas cosas que ya a nadie parece indignarle (hombres faltando el respeto a mujeres, hombres orinando en la vía pública, mujeres exponiendo a sus inocentes niños a hacer sus necesidades a vista y paciencia de todos, etc.). Pero ¿por qué la gente ya no se inquieta ante este tipo de actos? Simple, porque  se ha acostumbrado a lo malo, a lo indebido, a lo incorrecto e ilegal. ¿Qué sucede cuándo un conductor respeta el límite de velocidad? Le tocan el claxon para que acelere porque a los otros conductores les parece absurdo respetar lo que por ley se debe acatar. ¿Qué dicen los pasajeros en el bus o la combi que ha sido parado por un policía? “Ya dale sus 20 lucas nomás”, algunos se ríen, otros mueven la cabeza en señal de desaprobación, ¿pero acaso alguien hace algo para impedir la corrupción que hay en sus propias narices?

Y es que ahora “cada uno baila con su pañuelo”. ¿Cómo podemos entonces quejarnos que nuestros congresistas y autoridades sean corruptos, mentirosos, ociosos si nosotros en nuestra sociedad somos iguales?

Concluyo entonces con esta reflexión: No pidamos aquello que nosotros no estamos dispuestos a dar; no pidamos un cambio en otros si nosotros no estamos dispuestos a cambiar; no pidamos que nos respeten si no estamos dispuestos a respetar. Y es que la educación no solo viene de casa y se queda en ella, son las nuevas generaciones las que aprenden de nosotros. Si nos indigna tanta delincuencia juvenil deberíamos dejar de juzgarlos y preguntarnos ¿qué ejemplo les dimos cuando eran niños?                                                           

3 comentarios:

  1. me gusta...pero sabes, es una anticultura ya marcada por años y años... y es un problema que lo has notado tu y lo ha notado un joven hace 20 años-cuando era menos tal caos- pero de cierto modo esto culmina con resignación... resignación a tener gobernantes tan hijos de puta que no hacen nada... y gente tan podrida moralmente que sigue en el mismo círculo vicioso. Me gusta tu malestar, genera en mi algún tipo de levantamiento ideológico emmm transitorio, algo "tuberculoso" por así decirlo

    pero vamos... nosotros intentamos... y haremos algo...mantengamos nos en pie de lucha y con la esperanza, que es lo último que se pierde

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  2. Tienes razón, quizá no muchas personas se dan cuenta del mundo a su alrededor, o viven el día a día pensando en ellos mismos, muchas veces quejándose del gobierno y sus gobernantes, pero, debemos solo quejarnos? .
    No debemos ser parte del problema, tenemos que ser parte de la solución.
    Lo que se necesita es crear conciencia desde muy en las personas desde muy temprana edad.
    Pero mientras siga habiendo gente que solo se queja y no hace nada, seguiremos así.
    Nada se soluciona luchando o imponiendo nuestras ideas; por mas que uno diga que esta en lo correcto; para que un análisis sea aceptado, tendrá que ser explicado ¿porque? , ¿para que? y ¿como?.
    Dar el ejemplo, así seas el único que lo hace a tu alrededor, que importa, al menos sabrán que existen personas consciente.

    Exitos con tu blog ...

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    1. Ser parte de la solución y no del problema es el gran paso. Espero seas ese tipo de persona, aunque por tu comentario asumo que sí. ¡Gracias!

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