Para
los que vivimos lejos de nuestro centro de estudios o trabajo, nuestro quehacer
diario comienza cuando aún no aclarece, la típica brisa marina nos eriza la
piel al partir de casa; pasamos gran parte de nuestro viaje matutino entre el
smog, el tráfico y ventanas muy cerradas. Llegamos a nuestro destino y
comienzan nuestras actividades. Al volver a casa, descansamos de tan abrumador
día. Sin embargo, lo que parecen ser situaciones sin ninguna importancia, ha
cobrado gran relevancia para mí. Ser parte de una rutina en la que te ahogas,
de la que te aburres fácilmente con el pasar de los días puede repercutir de
manera positiva como lo hizo conmigo. Pasó de ser una rutina común y corriente
a algo digno de analizar.
Sucede
que lo que ahora la gente toma por común, en realidad no lo es; lo que se toma
por correcto, es incorrecto; lo que se toma por legal, es ilegal. Parece una
exageración, pero veamos bien, con lupa en mano, lo que pasa en un día común.
Los
paraderos autorizados parecen en realidad paraderos NO-AUTORIZADOS, la gente
los ignora por completo. Los carros de transporte público pueden hacer subir
gente en cualquier esquina y hacerla bajar en medio de la pista si así lo
dispone el chofer. El cobrador suele ser un joven sin educación (y con
educación no me refiero a una instrucción colegial o universitaria sino al
proceso de vinculación y concienciación, moral y conductual;
es decir, al trato respetuoso de un individuo hacia otros) que muchas veces nos
agrede verbal y otras, físicamente. Las señales de tránsito son completamente
ignoradas por todo tipo de conductores y solo se ven forzados a acatarlas si
hay un policía de tránsito o un patrullero cerca de ellos, que en caso de
haberlos pillado recurren a su billetera. El caos vehicular, transporte público
y privado, se ha transformado en nada más y nada menos que en una gran
anarquía, donde no reina ley alguna.
Los
peatones reclaman y se quejan de este
comportamiento inapropiado siendo ellos los coprotagonistas, como sucede al
momento de cruzar corriendo la pista arriesgando su propia vida solo por no
caminar un par de pasos más para cruzar prudentemente por un puente peatonal o
prefiriendo cruzar a toda velocidad por medio de la pista y evitando a toda
costa el cruce peatonal, que irónicamente casi nadie lo usa para cruzar. El
cruce peatonal podría ser considerado como un grafiti más.
También
tenemos a nuestro gran recolector de basura: las calles. Indignante es ver cómo
la gente vota sus desperdicios por la ventana del carro, a salir de una tienda,
al caminar por la calle. Parece que a la gran mayoría les es muy pesado cargar
con una envoltura de caramelo en su bolsillo (esto es si no hay un tacho cerca,
les es muy cansado depositarlo allí).
Y
así podría nombrar hasta el hastío muchas cosas que ya a nadie parece
indignarle (hombres faltando el respeto a mujeres, hombres orinando en la vía
pública, mujeres exponiendo a sus inocentes niños a hacer sus necesidades a vista
y paciencia de todos, etc.). Pero ¿por qué la gente ya no se inquieta ante este
tipo de actos? Simple, porque se ha
acostumbrado a lo malo, a lo indebido, a lo incorrecto e ilegal. ¿Qué sucede
cuándo un conductor respeta el límite de velocidad? Le tocan el claxon para que
acelere porque a los otros conductores les parece absurdo respetar lo que por
ley se debe acatar. ¿Qué dicen los pasajeros en el bus o la combi que ha sido
parado por un policía? “Ya dale sus 20 lucas nomás”, algunos se ríen, otros mueven
la cabeza en señal de desaprobación, ¿pero acaso alguien hace algo para impedir
la corrupción que hay en sus propias narices?
Y
es que ahora “cada uno baila con su pañuelo”. ¿Cómo podemos entonces quejarnos
que nuestros congresistas y autoridades sean corruptos, mentirosos, ociosos si
nosotros en nuestra sociedad somos iguales?
Concluyo
entonces con esta reflexión: No pidamos aquello que nosotros no estamos
dispuestos a dar; no pidamos un cambio en otros si nosotros no estamos
dispuestos a cambiar; no pidamos que nos respeten si no estamos dispuestos a
respetar. Y es que la educación no solo viene de casa y se queda en ella, son las
nuevas generaciones las que aprenden de nosotros. Si nos indigna tanta
delincuencia juvenil deberíamos dejar de juzgarlos y preguntarnos ¿qué ejemplo
les dimos cuando eran niños?
me gusta...pero sabes, es una anticultura ya marcada por años y años... y es un problema que lo has notado tu y lo ha notado un joven hace 20 años-cuando era menos tal caos- pero de cierto modo esto culmina con resignación... resignación a tener gobernantes tan hijos de puta que no hacen nada... y gente tan podrida moralmente que sigue en el mismo círculo vicioso. Me gusta tu malestar, genera en mi algún tipo de levantamiento ideológico emmm transitorio, algo "tuberculoso" por así decirlo
ResponderEliminarpero vamos... nosotros intentamos... y haremos algo...mantengamos nos en pie de lucha y con la esperanza, que es lo último que se pierde
Tienes razón, quizá no muchas personas se dan cuenta del mundo a su alrededor, o viven el día a día pensando en ellos mismos, muchas veces quejándose del gobierno y sus gobernantes, pero, debemos solo quejarnos? .
ResponderEliminarNo debemos ser parte del problema, tenemos que ser parte de la solución.
Lo que se necesita es crear conciencia desde muy en las personas desde muy temprana edad.
Pero mientras siga habiendo gente que solo se queja y no hace nada, seguiremos así.
Nada se soluciona luchando o imponiendo nuestras ideas; por mas que uno diga que esta en lo correcto; para que un análisis sea aceptado, tendrá que ser explicado ¿porque? , ¿para que? y ¿como?.
Dar el ejemplo, así seas el único que lo hace a tu alrededor, que importa, al menos sabrán que existen personas consciente.
Exitos con tu blog ...
Ser parte de la solución y no del problema es el gran paso. Espero seas ese tipo de persona, aunque por tu comentario asumo que sí. ¡Gracias!
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